La lucha del hombre por prolongar su vida ha sido y será una constante de su existencia. El trasplante ha permitido en muchos casos conseguir este objetivo. Esto es posible gracias a un ciclo vital que se inicia con la solidaridad de una DONACIÓN, sigue con la aplicación de toda la tecnología necesaria para convertirla en un órgano o tejido apto para otros seres humanos y finaliza con el TRASPLANTE. Este ciclo vital referido a los órganos (riñón, corazón, hígado, páncreas, pulmón e intestino) ocurre unas 4.000 veces al año en España y miles de ocasiones en todo el mundo occidental. En cuanto a los tejidos (córnea, huesos, cartílagos, arterias, válvulas cardíacas, piel, islotes pancreáticos) son más las veces en que sucede.
“Sin donante no hay trasplante”; esta frase obvia pone de manifiesto la necesidad de contar con la solidaridad de otros para iniciar el ciclo vital. El deber y el derecho de la donación, está regulado en todos los países que realizan trasplantes respetando siempre la voluntad del fallecido. Cuando se dan los condicionantes exigidos por la legislación para hacer efectiva la voluntad de donar, hay que tenerlo todo organizado para actuar en cualquier circunstancia, momento o lugar.
En los últimos años la donación de cadáver ha aumentado en todo el mundo, con un promedio de donación de 18 donantes/millón de población (d/pmp) en Europa, 22 d/pmp en Estados Unidos, 8 a 10 en Latinoamérica y 2-4 d/pmp en el Oriente Medio. España ocupa un lugar preferencial en el mundo con una tasa de 35.1 d/pmp en el año 2005, con algunas variaciones entre las diversas comunidades. Sin embargo, estas cifras son insuficientes para suplir la creciente demanda de órganos, considerando que la necesidad es alrededor de 50 d/pmp considerando las actuales listas de espera.
Con la tecnología actual, solamente podemos emplear los órganos
del 2-5% de los fallecidos hospitalarios. La donación de tejidos
es posible en más circunstancias y lugares, pero con restricciones
dependiendo del tiempo transcurrido entre el fallecimiento y la extracción.
Tendremos que estudiar cada caso de donación para asegurar entre
otras cosas, la no transmisión de enfermedades del donante al receptor,
lo que nos obliga a descartar donantes con neoplasias, VIH positivo, infecciones
no controladas, etc. Para considerar un órgano válido para
trasplante habrá que realizar todos los estudios de su funcionalismo,
hasta comprobar que es viable, así como todos los controles de viabilidad
y seguridad que nos garanticen que un tejido humano puede ser utilizado
para implante.
El trasplante de órganos como terapia de reemplazo se ha consolidado
progresivamente en nuestro país para convertirse en la actualidad
en una terapéutica más en aquellos con insuficiencia cardiaca,
pulmonar o hepática severa. En el caso del riñón, para
pacientes con insuficiencia renal terminal, es una alternativa preferible
a la diálisis, según las características del paciente.
Esto ha facilitado por una parte, que cada vez más el trasplante
se ofrezca a receptores que hace unos años no se consideraban candidatos
aptos y, por otra parte, a que las características actuales de los
donantes hayan cambiado, siendo de mayor edad, fallecidos por accidente
vascular cerebral y con múltiple patología asociada. Ambos
factores han condicionado que los criterios de aceptación de donantes
y receptores hayan evolucionado y obligan a una valoración más
cuidadosa y segura, dirigida a establecer la viabilidad de dicho órgano
para trasplante, adaptándose a la situación actual de las
listas de espera.
Desde 1959, gracias a los avances de los sistemas de ventilación mecánica y la expansión de las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) que permiten ofrecer soporte ventilatorio y hemodinámico a pacientes con Trauma Craneoencefálico (TCE), o Enfermedad Vascular Cerebral Aguda (EVC) graves, se empieza a hablar del concepto de muerte encefálica (ME). Al aceptarse la ME en las legislaciones de diversos países occidentales, se empieza a considerar que quienes fallecen por éste mecanismo son los principales donantes de órganos y tejidos para trasplante.
Los equipos de trasplantes, ya intuyeron esta necesidad de detectar y evaluar todos los posibles donantes y crearon la figura del Coordinador de Trasplantes (CT). En Europa (EU), nacieron a la sombra de los equipos trasplantadores que precisaban de personas que organizaran el camino desde la donación en la UCI y sala de reanimación hasta la extracción de los órganos en el quirófano. Esta ayuda se fue prolongando hasta encargarse también del seguimiento de los receptores. En Estados Unidos (USA) los coordinadores desarrollan unas funciones similares, pero en lugar de establecerse dentro de los equipos de trasplante trabajan en forma paralela e independiente en las denominadas OPO (Organ Procurement Organization).
En España se dicta en 1979 la Ley de Trasplantes que acepta la ME como la muerte del individuo, señala que el estado protege la mayor obtención de órganos para trasplante y obliga a la donación sin compensación económica y a que no se exija pago al que reciba un órgano. La CT nace en Cataluña, regularizándose e institucionalizándose en 1985 con la realización del Primer Curso de CT y la ordenación administrativa de que cada Hospital Trasplantador o Generador de Órganos debía tener un CT para ser acreditado. Los primeros fueron nefrólogos que organizaban las extracciones renales. Luego, coincidiendo con el desarrollo de otros programas de trasplante, aparecieron equipos compuestos de otros especialistas y/o enfermeras con mayores responsabilidades clínicas y organizativas, en relación con otros estamentos intra y extrahospitalarios y que debían negociar soluciones y tomar decisiones. Esta es una de las claves para que desde 1991 España ocupe el primer lugar en número de donantes por millón de población a nivel mundial.
Desde el punto de vista organizativo, los hospitales y las autoridades están acostumbrados a prestar servicios sanitarios a sus pacientes, pero no a generar sus propios injertos (órganos, tejidos) necesarios para tratar a los pacientes. Por ello se crearon las Unidades de Coordinación de Trasplante – TPM, encargadas de facilitar el proceso del trasplante. Dos son sus misiones fundamentales: